Requisitos para ser cartujo

Vocación monjes: se requiere sentir la llamada de Dios. Unas veces, resulta clara y transparente. Otras, las más, tienen que abrirse paso entre oscuridades, resistencias y lucha interior.

 

Para poder ser monje cartujo, es preciso tener entre veinte y cuarenta y cinco años. Los Estatutos de la Orden ponen muchas obstáculos a las vocaciones que superen esa edad debido a las dificultades que presenta  la adaptación a nuestra vida.  

 

Aunque Dios llama a la vida monacal cuando quiere y como quiere, hay que partir de esta realidad: Las exigencias espirituales de La Cartuja son muy fuertes, y sin un cierto “rodaje” espiritual previo, sin la práctica de una vida cristiana coherente, es imposible perseverar en nuestra vida; ni tan siquiera entenderla.

 

Normalmente, antes de recibir a alguien, se piden informes a algún sacerdote que conozca al aspirante a monje cartujo. Si éstos son positivos, se le invita a hacer una prueba vocacional de ocho a quince días, que realizará directamente en la ermita, como un monje más.

 

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Pasos de la formación monástica

Si la experiencia vocacional ha sido buena, el aspirante a monje vuelve a su casa y se toma un tiempo de reflexión. Si sigue decidido, se le pide que arregle sus asuntos y se determina la fecha de su ingreso.

 

 
Postulantado

El primer paso en la vida monástica es el postulantado, que dura varios meses. Durante este tiempo el candidato viste de seglar, pero en los oficios de la iglesia se cubre con una capa negra. Después de varios meses, el postulante se prepara con unos días de retiro para comenzar el noviciado. Para este acontecimiento se elige la víspera de alguna fiesta; en ella se viste el hábito blanco de cartujo y la capa negra, distintivo de los novicios.

Noviciado

Dura dos años, al final de los cuales el novicio hace los votos temporales por tres años. Concluido este tiempo, volverá a renovarlos por dos años más, y, finalmente, al término de estos siete años largos de prueba y preparación, emitirá los votos solemnes y definitivos. En el transcurso de estos años, el monje del claustro realiza estudios eclesiásticos para ordenarse sacerdote, lo cual sucede tiempo después de realizar los votos solemnes.

 

 

 

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Dos modos de ser cartujo

Cuando un aspirante llega a la Cartuja puede elegir dos modalidades distintas de realizar su vocación a la vida monástica:

 

La primera es como monje del claustro. En ella pasa la mayor parte del día en su ermita orando, estudiando, y trabajando. El monje del claustro será ordenado un día sacerdote, por ello tienen que hacer los estudios eclesiásticos, siempre en la soledad de su ermita. También se requieren unas mínimas cualidades para el canto ya que es propio del monje del claustro cantar una parte del Oficio Divino en la iglesia conventual.

 

La otra modalidad de vivir la vocación cartujana es la del Hermano, que no está llamado al sacerdocio, ni vive una vida de soledad tan estricta como la del monje del claustro. Su soledad está atemperada por cinco horas de trabajo manual que realiza fuera de su ermita, empleado en los  trabajos necesarios para el buen funcionamiento del monasterio: cocina, carpintería, lavandería, labores del campo, jardinería, etc. Este equilibrio entre el  trabajo y vida de oración en la ermita hace que la vocación del Hermano converso sea humanamente más llevadera que la del monje del claustro, que, siendo esencialmente la misma, tiene sin embargo un componente más fuerte de soledad.   

 

 

 

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